El nuevo y sofisticado consumidor chileno

Por María Eliana Rojas
Decana de Ciencias Empresariales de la Universidad Autónoma de Chile

De acuerdo a la encuesta de hábitos de consumo realizada por el INE en 2009 y que abarcó a más de 10.000 personas, el habitante promedio de Chile ha ido sofisticando en el tiempo sus hábitos de consumo. Su canasta incluye vino espumoso, hoteles y transporte -siendo el automóvil el medio de desplazamiento que lidera las preferencias-. La tecnología también cobra vital importancia en su vida. Celulares, internet y cámaras digitales les permiten llevar el día a día interconectados y con dinamismo.

Si consideramos que desde hace tres años, nuestros ingresos promedio han subido en términos reales en  torno al 30%, son esperables entonces, los  cambios en los patrones  de consumo. La mayor sofisticación de algunos segmentos, incorpora el  consumo de nuevos grupos, para los cuales los bienes que hace 10 años eran “suntuarios” hoy pasan a ser elementos fundamentales en el diario vivir.

La canasta de productos, según revela la encuesta, no sólo es más heterogénea, sino que también revela que los bienes clásicos pierden peso relativo. Así, se observa  la entrada en escena de servicios y bienes cada vez más masivos como internet, el gimnasio y los reproductores de audio digital y, por el contrario, una ostensible baja de productos alimenticios, entre ellos el pan nuestro de cada día.

Más allá del comportamiento de cada producto en particular, estos cambios se reflejan  en  el acelerado incremento del gasto. En los tres últimos años, este indicador ha aumentado un  25% real. Ello es un  reflejo del crecimiento económico del país, del aumento en los ingresos reales, de la disminución de los niveles de pobreza, de  la incorporación de las mujeres y los jóvenes a la fuerza laboral, de la apertura al comercio internacional y, finalmente de  la apreciación del peso chileno.

La  revolución en el consumo está en pleno desarrollo. Ello exige en las empresas desafíos  para adaptarse a este ritmo en el cual además de informados, nos hemos vuelto más exigentes.

Los consumidores chilenos de hoy están empoderados: saben lo que quieren, exigen cada vez más a las marcas y servicios adquiridos, además de buscar mejorar su calidad de vida exponencialmente. ¿Se reconoce en la imagen?