Enfermos de la voluntad: ¿Qué nos impide avanzar hacia las metas?

Conozca cómo la falta de esta capacidad puede afectar el desarrollo de su empresa.

 

Hace algunos días durante una actividad, escuché al integrante de un equipo, expresar muy molesto lo siguiente: “este señor está enfermo de la voluntad, no logra adaptarse a los nuevos procesos, dice que la organización lo tiene desmotivado y no cumple ni con el mínimo requerido, alguien debería hacer algo, cómo es posible que la improductividad no tenga consecuencias”.

Inicialmente no comprendí a qué se refería con la expresión “enfermo de la voluntad”, poco después, fui capaz de dimensionar el mensaje implícito en la expresión y, realment me pareció muy poderoso como una buena metáfora para definir el estado en el cual puede entrar una persona, cuando no percibe el sentido de lo que hace y no es capaz de conectarse con las ganancias y motivaciones personales.  El resultado es vivir o “sobrevivir” en una zona cómoda, a partir de la cual,  movilizar a las personas se convierte en una tarea titánica para padres, líderes, jefaturas, etc. Sólo la voluntad del cambio, permite mantenerse en constante adaptación y algunas personas por diversas razones, pierden esta virtud que es el motor de la motivación.

Etimológicamente, la palabra voluntad proviene del latín “voluntas”, que tiene como significado: “QUERER”. La voluntad es la capacidad de los seres humanos que les mueve a hacer cosas de manera intencionada, es la facultad que les permite gobernar sus actos, decidir con libertad y optar por un tipo de conducta determinado. La voluntad es el poder de elección con ayuda de la conciencia.

La base de toda libertad es usar la capacidad de elegir, asumiendo la responsabilidad por los actos realizados y sus consecuencias positivas o negativas. En la medida que seamos conscientes de estas elecciones y seamos capaces de cumplirnos a nosotros mismos, en esa misma medida seremos capaces de cumplirle a los demás, no se puede dar lo que no se tiene para sí mismo, como no se puede llegar más allá de donde hemos llegado, por lo tanto, asumir la responsabilidad de generar las propias motivaciones individuales, es una tarea personal e interna que surge más fácilmente, en aquellas personas que han entrenado la voluntad y la utilizan como una manifestación de la fuerza interna que permite lograr lo que queremos y perseverar en los anhelos.

Cuando pienso en cómo interviene esta voluntad en los contextos organizacionales, tiendo a ver que la mayoría de las fuentes de improductividad tienen en su base la falta de voluntad de las personas, que justifican esta ausencia con fallas de la organización, jefaturas “cero aporte”, compañeros que no entienden nada y no cumplen sus compromisos, falta de claridad de objetivos, etc. Paradojalmente, lo que muchas veces escuchamos en las sesiones de coaching son grandes intensiones y buenos intentos por conseguir metas, pero que muchas veces no provienen de una motivación personal, por lo tanto, estos “intentos” se traspasan a un plan de acciones y buenas intensiones que nunca llega a ejecutarse, responden más bien a lo que creen que la organización espera de ellos.  Y cuando, uno pregunta, qué pasó que no hiciste lo que dijiste que harías, las respuestas son del tipo, “no he tenido tiempo”, “creo que ya no es necesario”, “tengo que redefinir el objetivo, las cosas cambiaron y ya no tiene sentido”, o la mejor de todas, “ummm  me había olvidado de tu plan”.

En este escenario yo me pregunto, ¿qué hace que un mal jefe detenga mi desarrollo?, ¿cómo puedo permitir que alguien externo a mí decida lo que quiero lograr? ¿Para qué defino planes de acción de cosas que no voy a hacer? Y lo más importante, ¿qué quiero y qué me impide lograrlo?

La voluntad es clave, las organizaciones están llenas de personas que tienen muy buenas intensiones, pero si éstas no se materializan y se convierten en acciones concretas, creativas y que aporten valor, no son más que un gasto de energía innecesario.  ¿Cuántas veces al día se encuentra pensando en las muchos obstáculos que le impiden que usted cumpla con sus actividades? y ¿cuántas veces al día se encuentra buscando soluciones para superar esos obstáculos? Tendemos a quedarnos del lado del problema más que de las soluciones y, en este punto, lo que surge como posibilidades son una lista de explicaciones del porqué las cosas no suceden, y cuando éstas no ocurren, la desmotivación hace su magistral entrada. Sin voluntad, no hay avance posible, no hay logro.

El aspecto central de la ausencia de voluntad en las organizaciones, se traduce en la generación de fuentes de improductividad. Muchas de las fuentes de improductividad, si no todas, están basadas en creencias limitantes que inciden en los comportamientos de las personas y en sus desempeños tanto individuales como grupales. Algunas personas perciben que el ambiente es mucho más poderoso que sus influencias y dejan de perseverar para evitar conflictos. Sienten que no tienen poder para construir soluciones y resolver estos conflictos y relegan su creatividad a un segundo plano que sistemáticamente va castrando el potencial y va generando la insatisfacción. Nuestra cultura tiende a evadir los conflictos y se olvidan que una cuota razonable de discordia es clave para que se genere la tensión creativa, a partir de la cual las motivaciones surgen. Discrepar es clave, porque permite ampliar las perspectivas y abarcar espacios creativos motivadores.

Para que pueda identificar cómo esta falta de voluntad puede estar afectándolo(a) en su propia satisfacción y bienestar, revisemos las principales fuentes de improductividad de las empresas y saque sus propias conclusiones.

  1. ¿Tiene claros sus objetivos, estrategias y plan de acción? Muchas personas creen que los objetivos, estrategias y planes de acción son responsabilidad de las jefaturas y los altos niveles organizacionales y ante la ausencia explícita de estos elementos básicos, desempeñan actividades que no tienen ningún sentido y que no aportan en las metas organizacionales. Posiblemente coincida con usted en que debería ser la primera responsabilidad de los líderes establecer al menos los objetivos corporativos, pero si esto no ocurre, ¿cree que es factible que usted pueda lograr metas, si no sabe hacia dónde debe orientar sus esfuerzos? Es algo así como tratar de llegar a algún lugar con un mapa de ruta, pero sin una brújula. Si esto está sucediendo, ¿qué está esperando que ocurra?, ¿cómo logrará objetivos y se sentirá satisfecho?, ¿prefiere justificar el porqué no está cumpliendo o correr el riesgo de definir objetivos y proponerlos?
  2. Intentar. Los intentos son declaraciones anticipadas de una inacción. Lograr un resultado no depende de los intentos, el compromiso hacia la acción es o no es, no se intenta. ¿Cuántas veces en el día escucha a otros y a usted mismo decir: “lo voy a intentar” y cuando usted está diciendo esto, ¿cree que es algo que va a suceder? Intente recoger un pedazo de papel del suelo, sin tomarlo. Las cosas se hacen o no se hacen, pero no se intentan. El resultado podría no ser el esperado, pero eso no tiene que ver con la creencia de intentar. ¿Cuántas veces ha llegado a su casa, alguien que le dice: “intentaré de todas maneras llegar a la comida”? Cuando usted realmente quiera lograr algo, asegúrese que en su mente no está presente la palabra “intentar”.
  3. Jefaturas que quieren “convencer”. Un Jefe da directrices e instrucciones, no pide favores. Expresiones como: “Me podrías ayudar con esto, por favor”, “Necesito que me…”, “Tengo que enviar, prepárame…”. Cuando se utiliza ese tipo de lenguaje, el colaborador asume que está “ayudando” y no “cumpliendo con sus funciones”, “le está haciendo la pega al jefe” y cuando esto sucede, las personas tienden a creer que no es su responsabilidad cumplir con lo que se les solicita, aun cuando estas actividades estén dentro de sus funciones. La próxima vez que pida algo a su colaborador, asegúrese de que su vocabulario sea cortés y asertivo, pero no pida favores. Limitar la cancha, establece reglas claras que permiten a los colaboradores funcionar bajo un esquema seguro y claro.
  4. 4. Expectativas. Una expectativa, es una suposición centrada en el futuro, puede o no ser realista. Las expectativas disminuyen la felicidad. Tener expectativas de que alguien haga algo como usted lo espera, sin haber sido explícito, puede generar mucha frustración. Si quiere que algo ocurra, asegúrese que ha sido claro y explícito, no presuponga nada.
  5. 5. Falta de Convicción. Una convicción es la seguridad que tiene una persona de la verdad o certeza de lo que piensa o siente. Actuar por actuar, sin tener la convicción de estar haciendo lo correcto, implica dudar y la duda lleva a la improductividad. La falta de convicción, conduce a la inseguridad. El exceso de convicción puede llevar a la inflexibilidad si se cree en una verdad absoluta. Cuando se actúa en base a las convicciones, el contexto no altera el equilibrio interno.
  6. 6. Inmadurez Emocional. Implica una perspectiva intolerante ante situaciones, generalmente incómodas. La inmadurez emocional genera dificultades para manejar el sufrimiento (dolor), la frustración (pérdida) y la incertidumbre (no saber qué va  a pasar en el futuro). La inmadurez emocional impide ver con amplitud de perspectiva, no permite flexibilizar. Estimula la percepción de amenazas y riesgos inexistentes. Produce falta de empatía y asertividad, impactando en la capacidad de influir.
  7. Reuniones Inefectivas. En sus reuniones de trabajo, ¿está conversando de estrategias y acciones correctivas o de procesos deficientes, búsqueda de culpable, explicando por qué algo no funciona? ¿Sus conversaciones apuntan al pasado o al presente y proyectando el futuro? Si el costo de discutir un tema es más alto que el beneficio que genera, están conversando las personas inadecuadas. ¿Ha calculado alguna vez el retorno de una discusión basada en posturas y no en intereses? ¿Cuánto le reporta a la compañía que usted tenga la razón y gane una discusión? ¿Cuánto le cuesta a la entidad satisfacer su ego?

Éstas son algunas de las fuentes de improductividad que están presentes en las organizaciones y, si se pone a reflexionar, todas tienen un punto en común: la voluntad. Cuando existe voluntad de lograr que las cosas sucedan, siempre se encuentran soluciones y opciones para lograrlo. Pero cuando la voluntad está ausente, siempre se encuentran obstáculos y dificultades que impiden conseguirlo. Sólo la voluntad de lograr acuerdos, ampliar perspectivas, negociar, tolerar, aprender nuevas ideas, aceptar la diversidad, permite crecer y crear. ¿Cuántas de estas fuentes de improductividad lo están afectando? ¿Qué podría hacer para transformarlas en fuentes productivas? La próxima vez que se sienta frustrado porque algo no está funcionando como usted quiere, recuerde que lo que necesita es entrenar su voluntad para que pueda lograrlo y trascender a su frustración.

Claudia Jaramillo Torréns

Coach Integral Corporativo International Coaching Community

web: www.antaram.cl

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