La crisis del sentido: ¿qué sentido tiene todo esto?

Muchas veces, llega un momento en la vida en que experimentamos una sensación de insatisfacción que se instala y que poco a poco va generando un malestar interno del que no todas las personas toman conciencia, pero que la mayoría experimenta. Se cuestiona qué hace que no pueda sentirse feliz, qué le impide sentirse pleno(a) y motivado(a). No escuchar estos “llamados a reflexionar” puede conducirlo(a) a la puerta de entrada de enfermedades psíquicas y físicas, por lo que vale la pena detenerse un momento a auto-observar en qué está usted en este instante en su vida presente.

Por Claudia Jaramillo Torréns
Coach Integral Corporativo
International Coaching Community
www.antaram.cl

Viktor Frankl fue un neurólogo y siquiatra judío que sobrevivió a Auschwitz. Fue creador de la Logoterapia que esencialmente es una técnica que busca conectar a las personas con su sentido de vida. Leí hace mucho tiempo a este autor, pero recién logro dimensionar y comprender lo que en sus técnicas, Frankl quiso traspasar. Él dice que la intención paradójica moviliza la capacidad de auto-distanciamiento (disociación), la cual acompañada del sentido del humor, permite experimentar a la persona un deseo de provocar precisamente lo que teme, y de esta forma, el miedo patológico es sustituido por un deseo paradójico provocando que el síntoma desaparezca, algo así como “me enfrento de cara a lo que temo, me río de ello y lo hago desaparecer”. Empezamos a sufrir cuando anticipamos lo que creemos va a suceder. La intención paradójica acaba con la ansiedad anticipatoria que refuerza el síntoma, que se expresa como síntomas fóbicos, obsesivos, insomnio, tics nerviosos o en algunos casos de tartamudeo, etc.

La falta de sentido en la vida provoca que, cuando al fin se generan el tiempo y la oportunidad para hacer lo que se quiere, pareciera que ¡no queremos hacer nada!, todo pareciera ser muy poco estimulante como para que valiera la pena iniciar una acción. Los adultos dicen “es que ya estoy muy viejo(a); no estoy para esas cosas”, de a poco van perdiendo la curiosidad y la capacidad de sorprenderse y muchas personas que terminan su vida laboral activa, abandonan toda posibilidad de seguir aprendiendo y explorando; los jóvenes se emborrachan cada fin de semana, sumergiéndose en entretenimientos sin sentido que permiten evadir y evitar el dolor; quienes sobre-viven y tienen una vida basada en el “tener que ir a trabajar” experimentan “la neurosis del domingo” y se angustian con la sola idea que llegue el lunes y otra semana más se aparezca en frente.

Entonces surge la resignación y el auto-convencimiento de que nada de lo que se haga puede modificar la sensación de insatisfacción, se abdica al poder de gobernar la propia vida y se intentan llenar los vacíos existenciales con “cosas” que, aunque producen algo de satisfacción temporal, no consiguen más que intentar llenar la vida con gratificaciones inmediatas, consumiendo más de lo que se necesita, gastando en cosas que no se requieren, coleccionando ropa, aparentando una situación económica sustentada en deudas, comiendo y bebiendo más allá de las necesidades, teniendo una sexualidad promiscua, viviendo permanentemente en excesos, intentando llevar “la gran vida”. O podría ser que se intente llenar la vida convirtiéndose en un (una) trabajólico(a), siempre ocupada(o), sobre exigido(a), muy inflexible y dueño(a) de la verdad que haya querido contarse para convencerse de que lo que está haciendo con su vida es lo correcto, haciendo cosas que le permitan “no pensar” y conformarse con una vida plana, convencional, “sin sentido”.

Cuando reflexiono sobre lo anterior y observo día a día mucha gente que está inserta en estos ciclos perversos auto-generados, siento mucha frustración e impotencia, pero a continuación lo que surge es volver a recordar la imagen de Frankl y me llena de esperanza pensar que si un profesional, recién casado, feliz con su familia, exitoso, fue capaz de encontrar su sentido de vida en un campo de concentración, donde la única cosa que permaneció intacta fue su dignidad, cualquiera de nosotros con poco esfuerzo puede comprender qué hace que esta vida valga la pena de ser vivida. Frankl señala que hay cosas que el ser humano conserva por siempre y es precisamente su sentido de vida y su dignidad; él fue despojado de todo y lo que lo mantuvo y le permitió sobrevivir, fue su sueño de poder publicar el manuscrito que le fue quitado cuando ingresó al campo y su sentido del humor que le permitió pasar momentos tan duros, conectado a la esperanza que algo mejor estaba por llegar y la muerte de tanta gente debía tener un sentido.

Le invito a reflexionar tal como lo hizo Viktor Frankl y pensar en su propia vida para descubrir su propio sentido y ver cuán mágico puede ser el descubrirlo. Saber que es posible abandonar toda idea centrada en las profecías autocumplidas y avanzar hacia pensamientos más sanos y que le posibiliten reírse de sus propios fantasmas para crecer y avanzar hacia donde sea que defina que quiere ir.

Muchas veces resulta mucho más fácil, criticar a quien está en frente y observar sus errores, pero no es tan simple lograr la autocrítica constructiva, aquella que permite observar las partes que pueden ser mejoradas para superarse y sentirse mejor. Ser capaz de elegir y de hacerse cargo del propio desarrollo y crecimiento, presupone ser capaz de “Liderarse a Sí Mismo”. Toda persona tiene un líder interno, que es ese individuo que un día decide hacerse cargo y despierta su fuerza de voluntad, mueve la energía, se detiene para observar, repitiendo acciones hasta que logra entrenar esa fuerza de voluntad y la impulsa hacia fines específicos. Para que esto ocurra, es necesario en primer lugar “creer en sí mismo” y conectarse con lo esencial que está en su interior, aquello bueno y malo que somos, aceptamos, vamos descubriendo y modelando día a día.

En un proceso de crecimiento, cada persona va esculpiendo su propio ser. Identificar cuáles son las áreas de su vida que podría potenciar, es un gran primer paso. Lo que sea que decida estará bien, ya que vendrá de superar miedos y dejar la ansiedad anticipatoria que lo paraliza e inmoviliza, relegada a un plano donde no puede alcanzarle, y la intención paradójica hará que su risa consiga aquello que permita olvidar los insomnios, insatisfacción, pensamientos irracionales, fobias, “dominguitis”, ansiedad y todo aquello que no quiere que habite más en usted mismo(a).

Me contaron un cuento hace muchos años que permite entender este proceso que lo invito a leer y reflexionar:

¿Qué haces?- pregunta el niño al escultor que trabaja sobre un bloque de mármol.
– Espera y lo verás- le responde el hombre.

Días después, el niño regresa y mira lleno de admiración la magnífica águila que el hombre termina de esculpir, y nuevamente le pregunta:

– ¿Dónde estaba?
– Dentro del bloque de mármol.
– Pero, ¿cómo la sacaste?
– Solamente le quité el mármol que sobraba.
– ¿Y todas las piedras guardan águilas?
– No, hay gran variedad de figuras y todas son diferentes.
– ¿Cómo sé que hay una figura bonita adentro?
– Todo depende de ti, si lo que deseas encontrar es algo hermoso o algo espantoso…
– Si yo deseo solamente figuras bellas, ¿qué debo hacer?
– Con mucho cuidado, paciencia y amor, ve quitando el mármol que sobra… Verás cómo la piedra se transforma en una escultura extraordinaria.

“El hombre se autorrealiza en la misma medida en que se compromete al cumplimiento del sentido de su vida”, Viktor Frankl