Teletrabajo: Rompiendo límites físicos y… prejuicios

Por Sebastián Siseles
Director Regional para América Latina de  Freelancer.com

Hasta hace menos de cinco años, hablar de teletrabajo resultaba, para muchos, hacer referencia a un tema “futurista” y, en el mejor de los casos, a una tendencia restringida sólo a un tipo de profesionales o reservada para cierto tipo de empresas. Sin embargo, en la actualidad, las cifras son categóricas respecto al fuerte aumento de los trabajadores que se desempeñan en forma remota, parcial o totalmente, en todo el mundo y, por cierto, en Latinoamérica.

Existía entonces, y hasta ahora, muchos prejuicios respecto de la viabilidad del teletrabajo o e-Work. Por un lado, gerentes que decían que era poco probable de aplicar en muchas tareas, que exigía dotar de dispositivos tecnológicos a los empleados en sus hogares y que no se contaba con los medios para realizar un control de quienes pudiesen trabajar en sus casas.

Por otra parte, muchas personas afirmaban que el teletrabajo podía terminar significando realizar labores en horas no habituales (es decir, fuera del horario de 9 a 18 horas), que se perdían los vínculos sociales y laborales, que se necesitaba disponer de recursos tecnológicos para hacerlo y que el común de quienes operaban en esta modalidad eran programadores de computación, diseñadores y algunos profesionales de las comunicaciones o traductores de idiomas.

Si analizamos cada uno de los prejuicios veremos que ellos están absolutamente superados y ya no son argumentos válidos. Hoy, en efecto, existe un vasto campo de trabajo que se puede realizar remotamente siendo sólo los encargados de atender personas o de realizar obras “en campo” quienes no pueden acceder a esta modalidad, en un 100%. El resto –vendedores, periodistas, administrativos, contadores, abogados, profesionales del marketing, entre muchos otros, están dentro del creciente universo de trabajadores remotos. Esto, se prueba con el fuerte aumento de empresas que permiten a sus trabajadores desempeñar sus tareas al menos uno o dos días a la semana desde sus casas o bien tener horarios más flexibles. Pregunte y se sorprenderá.

Sobre el aislamiento del teletrabajador y la eventual incapacidad para mantener un sistema de control, la respuesta es una: hoy existen las herramientas, la mayor parte de ellas gratuitas o de bajísimo costo -gracias a la tendencia del cloud computing- que no sólo permiten a los teletrabajadores interactuar y comunicarse con sus pares o supervisores en tiempo real, sino que desde cualquier lugar y dispositivo, incluyendo los teléfonos móviles. Sistemas de chat, videoconferencia, acceso a documentos archivados en la nube y que pueden incluso ser desarrollados por personas que se encuentran en diferentes lugares de la ciudad o el mundo, están al alcance de todos.

El trabajo colaborativo para crear, revisar o modificar documentos en línea y en tiempo real es hoy más eficiente y accesible. Esto diluye, además, el mito sobre el aislamiento y la falta de controles: un teletrabajador puede hoy estar discutiendo con un colega o completando un documento mientras éste, o su supervisor, puede estar viendo on-line qué está haciendo. Ni hablar de las herramientas de comunicación. Y ya no se trata de tener tecnología “avanzada” sino de simple tecnología de consumo para hacerlo.

Respecto de los horarios, la situación es exactamente al revés del prejuicio, es decir, un teletrabajador puede tener horarios más flexibles, ya que ahorra al menos dos o más horas de traslados hacia la oficina, salida a almorzar, etc. puede planificar mejor sus tareas. A las 8 de la mañana en lugar de estar saliendo hacia la locomoción colectiva o hacia el “taco”, puede ya estar on-line y trabajando con menos estrés.

Incluso, en algunos casos, los trabajadores remotos pueden “permutar” horarios hábiles para realizar tareas personales que antes hacían en sus horarios de colación o después de las 19 horas, como ir de compras o realizar trámites.  Todo depende del momento y las necesidades propias y de su empleador, como así también de los objetivos planteados. La comunicación se torna así en la mejor aliada de la planificación, por lo que existe tanto un beneficio personal como para la organización en que se desempeña. Se reduce el estrés y se logra una mayor identidad o cercanía con la empresa que le otorga facilidades de trabajo.

No en vano, hoy más personas y empresas se suman a esta nueva realidad. En Estados Unidos, por ejemplo, una encuesta a gerentes de empresas Fortune 500 augura que en los próximos años los teletrabajadores seguirán aumentando fuertemente. La razón: el 61% de esos tomadores de decisión de dichas compañías cree que esta modalidad hace a los trabajadores más productivos.

A nivel latinoamericano, algunos estudios revelan que existe un despegue de los teletrabajadores desde 2009, siendo Chile uno de los países en donde más se ha avanzado, puesto que desde el 2010 se ha impulsado un marco legal para favorecer el trabajo a distancia.

En definitiva, el teletrabajo está rompiendo los prejuicios de antaño y se ha convertido para las empresas en sinónimo de ahorro de costos y mayor productividad de sus empleados, mientras que para éstos se convierte en una oportunidad de mejorar su calidad de vida.

Al mismo tiempo, el e-Work ha dejado de ser incertidumbre para quienes laboran en forma independiente ya que los medios electrónicos permiten cada día mejorar aún más sus ingresos, desarrollando tareas para organizaciones incluso de otros países, encontrando en las nuevas tecnologías su mejor aliado. El teletrabajo ha roto la barrera de los límites físicos y, con ello, la del prejuicio.